Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como RELATO

NAMASTE.

Imagen
Solía cambiar de trayecto al curro cada cierto tiempo para engañar a la rutina. Últimamente mantenía la misma ruta. Y de un tiempo a esa parte, en unos de los últimos semáforos hasta el destino, si detenía la moto en rojo siempre lo veía salír de la esquina. Espigado, alto. Negro. Con una gorra deportiva y una sonrisa que iluminaba la calle antes que el sol. Sonriendo, siempre sonriendo y con tono cálido se dirigía a los conductores que esperaban detenidos. Les pedía la voluntad. O les vendía pañuelos de papel o les limpiaba los cristales si accedían. Siempre sonriendo. Y me fijaba. Cada día la misma rutina . Cada día la misma expresión. Cada día la misma sonrisa. Nuestras miradas acabaron por reconocerse y nuestras sonrisas se hicieron cómplices. Al final me buscaba y me sonreía chocando nuestros puños con un NAMASTE antes de empezar su rutina. Yo me fijaba en las caras de los conductores que recién levantados de sus sueños se dirigían a su cotidiana realidad. Con rostros serios, mira...

AZUL.

Imagen
Las trompetas del futuro anuncian el fin de la temporada estival.   Me encuentro quemando los últimos rescoldos.  En un día precioso, sin ninguna nube ni brisa, yazco tumbado inerte cual lagarto ocelado sobre la roca, encima de un colchón hinchable amarillo pollo de los chinos de apenas 5 € que soporta mi peso adecuadamente.  Mecido por las escasas embestidas del agua del pantano. La cabeza protegida con un bob de camuflaje y mis ojos con gafas de sol y cuerda de goma antivuelco de color naranja.  Panza arriba, me dejo llevar por las ondas de la superficie.  El bañador húmedo y los Crocs grises completan mi uniforme agostero.  La paz es sublime.  Los brazos a ambos lados del hinchable hacen de remos inamovibles con mis manos sintiendo el roce del agua.  Tan bien me siento que pierdo la noción del tiempo. No sé si pasan escasos segundos o alguna decena de minutos, hasta que el excesivo calor en mi pecho hace que despierte del sopor.  Entonces...

CUANDO LOS CIPRESES HABLAN.

Imagen
  Hay árboles que forman parte del paisaje y otros que guardan historias.  El ciprés también pertenece a este segundo grupo. Su madera fue muy apreciada desde la Antigüedad por su extraordinaria resistencia a la humedad, los insectos y los hongos.  Gracias a esas cualidades se utilizó para construir barcos, viviendas y todo tipo de estructuras destinadas a durar. Pero el ciprés nunca fue solo un árbol útil.  Su figura esbelta y vertical acabó cargándose de simbolismo. Un símbolo entre la tierra y el cielo Por su silueta alargada, el ciprés comenzó a plantarse junto a iglesias y monasterios.  Su presencia evocaba la paz, la espiritualidad y la esperanza en la resurrección. Ya en época romana también era habitual encontrarlo en las villas.  Su imponente porte servía para anunciar la llegada a un lugar habitado. Un ciprés en el patio era una forma discreta de decir al viajero que allí sería bien recibido. Con el paso de los siglos, aquel árbol terminó convirti...

CONEXIÓN PURA.

Imagen
Hay momentos que no se buscan.  Te encuentran. La canícula apretaba con fuerza. Caminar por aquel sendero polvoriento, con más de cuarenta grados encima, era casi un castigo. Pero al final del camino esperaba un premio que compensaba el esfuerzo. Una visera de calizas embalsaba agua fresca en una poza turquesa, alimentada por una cascada ruidosa que parecía centrifugar hasta los malos pensamientos. Después de más de media hora tragando polvo, sumergirse allí era como entrar en la mejor lavadora natural del mundo. Al llegar, vi que no estaría solo. Dos chicas disfrutaban del lugar, sentadas en la terraza de piedra que bordeaba la poza. Les saludé, dejé la mochila y me quité la camiseta, listo para el chapuzón que llevaba imaginando desde hacía rato. Pero no éramos tres. Frente a mí, inmóvil, había un border collie que no me quitaba ojo desde que aparecí. Tenía las patas delanteras estiradas y la cabeza fija en mis movimientos. Ese gesto lo conocía bien:  Rex hacía lo mismo cuan...

EL AGUA NO TIENE IDIOMA

Imagen
Mediodía. Salí a andar. A ninguna parte. Sin rumbo. Por la carretera local, vacía, con ese silencio que parece tener solo el eco de tus pensamientos. Subía hacia la cima, sin más propósito que mirar el paisaje y sentir la brisa en el rostro. El calor empezaba a apretar, así que me quité la camiseta e improvisé un turbante con ella para proteger mi testa de los rayos hirvientes. En una curva oí que tras de mi se acercaban unas motos. Al pasar, levanté el brazo y les hice la V. Me devolvieron el saludo y los bocinazos de complicidad. Seguí subiendo. Al lado del arcén me llamó la atención un brillo parpadeante.  Comprobé que era un mechero en medio de un campo recién segado.  El escenario perfecto para el inicio de un incendio. Lo cogí y aunque estaba golpeado, seguía lleno de gas y funcionando. Con esas temperaturas era fácil que pudiera explotar y provocar una catástrofe. Me lo llevé. En un claro, antes de llegar arriba, vi a lo lejos una camper parada. Puertas abiertas, una me...

EL ARQUITECTO DE DIOS.

Imagen
  Me parece maravillosa la forma que tenía el "arquitecto de Dios", de diseñar sus estructuras del modo más natural posible. Sin ordenadores ni cálculos complejos.  Observaba esperaba y dejaba que la misma naturaleza le diera la respuesta. Sublime.  Como su obra. No dibujaba arcos perfectos ni calculaba fórmulas complicadas.  Empezaba al revés: dejando que la propia naturaleza hiciera el trabajo. Construía una especie de maqueta como una telaraña de cuerdas colgantes, conectadas entre sí como una red. Después añadía pequeños pesos equivalentes y proporcionales a las cargas qué debía soportar su construcción en los distintos puntos de esa red.  No solo en los extremos, sino en muchos lugares, representando el peso real del edificio: techos, muros, torres, bóvedas… Y entonces se hacia la magia: La gravedad entraba en acción. Cada peso tiraba hacia abajo.  Las cuerdas respondían, se estiraban, se ajustaban… hasta que todo encontraba una forma de equilibrio nat...

LUZ EN LA OSCURIDAD.

Imagen
   . Hacía más de diez años que no subíamos.       Can Gordei.  La Bisbal del Penedès.   Un lugar que antes tenía vida: fines de semana, barbacoas improvisadas, niños corriendo, mientras el viejo Nissan Patrol seis cilindros nos vigilaba junto al módulo.   Esa sensación tan simple y tan poderosa de “ya hemos llegado”. Después llegaron los problemas de salud.   Después, la vida.  Y al final… la muerte de Marco. Mi amiga no quería volver.   Demasiados recuerdos. Demasiada ansiedad.   Pero el terreno seguía allí, pagando gastos, generando problemas… y alimentando rumores. Rumores de okupas.  De un yonqui.  De enganches de luz.   De peleas.  De alguien viviendo dentro del módulo. Si algo grave ocurría allí dentro, la responsabilidad era suya.   Así que ayer la convencimos. Fuimos los tres.   Y lo que encontramos parecía el escenario abandonado de algo mucho peor ...

LA PERSIANA.

Imagen
  Una historia de batalla doméstica, dedos destrozados y humor negro. La épica de lo cotidiano en su máxima expresión. Creí que cambiar una lama sería cosa de cinco minutos. Error. Levanto la persiana. Chas.Una lama rota. Bah.  ¿Qué es una lama para alguien con mis legendarias capacidades bricomaníacas? Spoiler: todo. Desmontar la ventana me trinchó los dedos. Buen presagio. Saco la tapa. Clavos oxidados, tornillos sin cabeza, herramientas inútiles. Mis manos cada vez menos funcionales. Dentro: horror. No un eje moderno de aluminio… un mástil de madera digno de un galeón del siglo XVII. Corto tirantes, desmonto topes, saco lamas, monto lamas. La persiana entra. Sale. Se tuerce. Se rebela. Yo también. Subo a la escalera. Bajo. Subo. Bajo. Martillazos: tres a la madera, dos a mis dedos. Mis manos parecen chorizos de Cantimpalo con trauma emocional. Cambio de estrategia: tornillos. Error número dos. Se redondean. Se quedan atascados. Inamovibles. Solución: cortarle la cabeza y en...

CUATRO REYES.

Imagen
Fue el primer enano de la familia.   Eso implicó amor incondicional, abrazos eternos, mimos exagerados y besos a miles.  No podía ser de otro modo.  Se de lo que hablo, pues me ocurrió lo mismo. Y así fue.   En uno de sus primeros Reyes conscientes, su habitación quedó inundada: una montaña de embalajes, cajas, celofanes, papeles de colores y regalos de familia y amigos.   Se volvió loco abriendo paquetes, saltando nervioso de una sorpresa a otra sin tiempo para asumir ni disfrutar ninguna.   Quedó perplejo, abrumado, sin saber por qué decidirse. Iba de novedad en novedad sin prestar atención.   Durante la sobremesa lo cogí en brazos.   Antes me había entretenido en hacer un torpe avión de papel con una servilleta.  Lo lancé. Flotó unos segundos y aterrizó en el suelo de su habitación.   Era, sin duda, el primer avión de papel que veía.  Se quedó embelesado.   Bajó raudo de mis piernas y ...

PALABRAS NECIAS.

Imagen
Faltaba todavía demasiado para que la meta siquiera se intuyera. Desde abajo, una multitud sin rostro definido pero como una sola voz gritaba:   “Es inútil.” “Es imposible.” “Ríndete.” “Déjalo.” “No llegarás.” "No podrás ." Muchos de los que habían empezado la ascensión —jóvenes, neófitos, valientes— y que al comenzar, creían que podrían , empezaron a dudar.   No por falta de ganas. Por exceso de voces. Cada juicio, una grieta en la voluntad. Cada grito, un grado más de inclinación. Cada palabra, una piedra más en el camino. Pero no en su zapato. En su corazón donde pesaba más. Y uno a uno, se rendían. No por estar agotados. Por dejar en su mente un espacio para el ruido. La multitud los recibía y los calmaba:   “No pasa nada.” “Hiciste lo que cualquiera haría.” “Era imposible.” Obedecieron a la mayoría.   Y eso parecía lo correcto. Pero hubo uno que no aceptó. Solo uno siguió.   Paso a paso. Seguro. Convencido. Sin testigos. Sin aplausos. Sin permiso. ...

GESTOS.

Imagen
A veces las palabras no bastan. Los valores, la educación o las lecciones de vida pueden explicarse mil veces, pero un gesto a tiempo vale mucho más que cualquier discurso. Es en los pequeños actos donde se pone a prueba lo aprendido y lo que realmente transmitimos a quienes nos rodean. Estaba comiendo con mi hijo en una pizzería. Esperábamos el postre, conversando tranquilos. Lo escuchaba embelesado, orgulloso de sus palabras.  Me hablaba sobre la educación, los valores y los ejemplos recibidos por nuestra parte en su infancia.  Ahora a los treinta —me decía— los comprendía mejor, los valoraba enormemente y le estaban sirviendo de guía en la vida. A través del ventanal, el movimiento de la calle: coches, peatones, rutinas.   Me fije, en frente en un monovolumen con la puerta trasera abierta. Dos rampas metálicas apoyadas en el suelo. Sobre ellas, una pesada silla de ruedas eléctrica. Un hombre mayor intentaba empujarla sin éxito hacia el interior del vehículo. Su mujer l...