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Mostrando las entradas etiquetadas como duelo

CUANDO DOS CAMISETAS SE CONOCEN.

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El domingo, en un paseo por la montaña, mi mujer llevaba puesta esa camiseta negra que compramos en homenaje a Rex. Un trazo blanco, sencillo, casi infantil: una mano y un perro.   No es solo un dibujo.   Es una ausencia a la que ese trazo le dio forma. Caminábamos en silencio, ese silencio raro que solo existe en la montaña, cuando te cruzas con tus propios pensamientos. Y entonces pasó. Una mujer y su hija bajaban por el sendero en dirección contraria. La señora se fijó en la camiseta de mi mujer.   Las dos llevaban la misma camiseta.   La chica en blanco.  Mi mujer en negro.   El mismo sentimiento tatuado. No fue una coincidencia.  Fue un reconocimiento.   Como si dos duelos se olieran a distancia. No hizo falta preguntar nada.   Cuando has querido a un perro de verdad —no como mascota, sino como compañero, como latido que te acompaña por la casa— sabes leer ese símbolo sin traducción.   Es un i...

HOY NO.

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  En casa, hasta los duelos más pequeños enseñan las cosas más grandes. Hace un tiempo se nos murió una mascota.  Era un jerbo: pequeño, nervioso, que al principio buscaba las manos con desconfianza hasta que se acostumbró a dormir sobre ellas. Un día, no se despertó. Se lo contamos a los críos en el salón, sentados en el sofá con la jaula vacía.  Paula tenía apenas nueve años y aguantaba la taza del colacao como si fuera una boya en medio de un agitado océano. Lloraba a moco tendido sin dejar de mirarla. —Cariño, Trastet ha muerto —le dije despacio. Ha sido muy feliz con nosotros y nosotros con él.  Recordaremos siempre los buenos ratos.   —¿Entiendes, peque, que desde que llegó a casa, algún día tenía que pasar esto?  —añadí, torpe con las explicaciones. Ella me miró, colocó la taza en la mesa, se levantó y sin teatralidad, dijo:   Sí. Pero hoy no . Mientras abrazaba la jaula.  Se hizo un silencio que no necesitó palabras.  Fue —quizá— la r...

EL HOMBRE QUE SUSURRABA AL CINE.

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Cuando veíamos en casa una peli juntos, recuerdo que mi padre decía que "los malos siempre mueren".    Los buenos también.   Ha muerto Robert Redford .   Y aunque no muchos podrán decirlo, tengo el gusto de compartir dos datos con él. Bueno… uno y medio.   Mido lo mismo que él, y soy Leo.   Yo del 17, él del 18 de agosto.  Lo vi por primera vez en La Jauría Humana ,   y ya entonces parecía que no actuaba: simplemente estaba.   En Brubaker me convenció de que la justicia no siempre lleva uniforme.   Pero fue en Dos hombres y un destino donde me atrapó.   Junto a mi adorado Newman , formaron el dúo más majestuoso del séptimo arte.   Un western crepuscular, una oda a la amistad eterna.  Repitieron feeling en El Golpe . En Las aventuras de Jeremiah Johnson se convirtió en paisaje.   Ese hombre solo, buscando encontrarse, sobreviviendo en la inmensidad de Montana ,...

PARECÍAS UN ZORRITO.

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Siempre deciamos que parecías un zorrito. Estos días, en una casa por La Garrotxa, improvisé una cámara de fototrampeo con la GoPro, una linterna LED y una powerbank.   Cada noche la dejaba montada sobre las doce, con un pequeño cebo.   El resultado fue espectacular. Pasaron a visitarme una garduña, un tejón... y un par de zorros.   Estos últimos repetían.   Repasando los fotogramas, se apreciaba e l mismo ritual, ellos aparecían sobre las dos o tres de la madrugada, intermitentes, sigilosos, hasta que terminaban con toda la carnaza . La última noche decidí no montar nada.   El experimento había funcionado. Tenía material de sobra y estaba orgulloso de lo que había conseguido y como lo había hecho.   Además, montar el artilugio cada noche era un poco tedioso. Así que esa noche, no puse el cebo. No dejé cámara. Pero al ir a acostarnos, Pepe me llama:   —Ven. Está aquí. Y ahí estaba él. Mi amigo zorro.  Como preguntando:   ¿Y lo mío? Lo vimos ...

VOLVISTE.

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Anoche mi alma me regaló un encuentro.  No fue un sueño cualquiera.  Normalmente no los recuerdo, pero este lo viví. Fue un acto de amor.  Fue Marco. Él murió hace un año. Cáncer.  Y desde entonces algo en mí se quedó sin aire.  Marco no era solo un amigo.  Nos conocimos a los 14. Vivimos todo. Adolescencia, rabia, descubrimientos, carcajadas, silencios.  Lo que se vive cuando tienes a alguien que no es solo testigo, sino cómplice de tu vida. Pero en el sueño... volvió. Si.  Esta noche he soñado contigo, capullo. No soy de acordarme, pero hoy ha sido claro y nítido. Yo estaba con gente, reunido.  Quizás en un bar. Fuera en la calle. Compartiendo un buen rato. De repente me he girado. He visto entrar a "alguien" en el local de al lado. Coño. No puede ser. Es Marco. Me levanto. Corro hacia el local. Abro la puerta. Entro y lo busco. Veo gente reunida. De repente lo veo. Sin duda: es él. Esta hablando con alguien. Todos ahí dentro mantienen una ...