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Mostrando entradas de septiembre, 2026

POR QUÉ HAY MARICARMENES.

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  Ante el dramático desalojo de la anciana Maricarmen, u n breve resumen de como hemos llegado hasta aquí. En los 60 el baby boom junto el éxodo rural a las ciudades y la industrialización produjo una necesidad de pisos que no existían. La miseria de los sueldos y la falta de vivienda construida era un problema.  El chabolismo fomentaba un descontento que apuntaba a una revolución social. La Dictadura optó inicialmente por fomentar el alquiler. Se blindó el precio y se propició la posibilidad que los herederos siguiesen disfrutandolo.  Eso tenía a las fieras amansadas, pero también limitaba el mantenimiento de los edificios. Paralelamente empezaron a edificarse las VPO en barrios masificados con pisos colmena, de calidades y precios justos, para que los trabajadores pasaran de proletarios a propietarios. Aunque hubo sus cosas como aluminosis y chanchullos varios, no dejaba de ser una buena estrategia para tener a esa "clase" hipotecada y controlada. 78. Llegó la bendita...

NAMASTE.

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Solía cambiar de trayecto al curro cada cierto tiempo para engañar a la rutina. Últimamente mantenía la misma ruta. Y de un tiempo a esa parte, en unos de los últimos semáforos hasta el destino, si detenía la moto en rojo siempre lo veía salír de la esquina. Espigado, alto. Negro. Con una gorra deportiva y una sonrisa que iluminaba la calle antes que el sol. Sonriendo, siempre sonriendo y con tono cálido se dirigía a los conductores que esperaban detenidos. Les pedía la voluntad. O les vendía pañuelos de papel o les limpiaba los cristales si accedían. Siempre sonriendo. Y me fijaba. Cada día la misma rutina . Cada día la misma expresión. Cada día la misma sonrisa. Nuestras miradas acabaron por reconocerse y nuestras sonrisas se hicieron cómplices. Al final me buscaba y me sonreía chocando nuestros puños con un NAMASTE antes de empezar su rutina. Yo me fijaba en las caras de los conductores que recién levantados de sus sueños se dirigían a su cotidiana realidad. Con rostros serios, mira...

AZUL.

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Las trompetas del futuro anuncian el fin de la temporada estival.   Me encuentro quemando los últimos rescoldos.  En un día precioso, sin ninguna nube ni brisa, yazco tumbado inerte cual lagarto ocelado sobre la roca, encima de un colchón hinchable amarillo pollo de los chinos de apenas 5 € que soporta mi peso adecuadamente.  Mecido por las escasas embestidas del agua del pantano. La cabeza protegida con un bob de camuflaje y mis ojos con gafas de sol y cuerda de goma antivuelco de color naranja.  Panza arriba, me dejo llevar por las ondas de la superficie.  El bañador húmedo y los Crocs grises completan mi uniforme agostero.  La paz es sublime.  Los brazos a ambos lados del hinchable hacen de remos inamovibles con mis manos sintiendo el roce del agua.  Tan bien me siento que pierdo la noción del tiempo. No sé si pasan escasos segundos o alguna decena de minutos, hasta que el excesivo calor en mi pecho hace que despierte del sopor.  Entonces...