AZUL.


Las trompetas del futuro anuncian el fin de la temporada estival.
 

Me encuentro quemando los últimos rescoldos. 

En un día precioso, sin ninguna nube ni brisa, yazco tumbado inerte cual lagarto ocelado sobre la roca, encima de un colchón hinchable amarillo pollo de los chinos de apenas 5 € que soporta mi peso adecuadamente. 

Mecido por las escasas embestidas del agua del pantano.

La cabeza protegida con un bob de camuflaje y mis ojos con gafas de sol y cuerda de goma antivuelco de color naranja. 

Panza arriba, me dejo llevar por las ondas de la superficie. 

El bañador húmedo y los Crocs grises completan mi uniforme agostero. 

La paz es sublime. 

Los brazos a ambos lados del hinchable hacen de remos inamovibles con mis manos sintiendo el roce del agua. 


Tan bien me siento que pierdo la noción del tiempo.

No sé si pasan escasos segundos o alguna decena de minutos, hasta que el excesivo calor en mi pecho hace que despierte del sopor. 


Entonces, lo único que contemplo tras mi raudo despertar es un enorme lienzo sobre mí.

 Un intenso Ral 5002 o Pantone 286C. Un inmenso azul impresionantemente bello.

Suspiro. 

Allí, mecido, flotando sobre las aguas del pantano, me siento feliz.

 ¿Qué más puede pedirse? 

Qué preciosidad de color.


¿Y por qué ese color tan bonito? 

No deja de ser una serie de coincidencias entre gases que filtran la luz solar y producen ese milagro. 


Solo contemplarlo lleva a una paz kármica difícil de obtener sin fumar nada. 


Pensar que tras él hay un negro azabache más oscuro que la peor de las noches, te hace sentir afortunado.


Azul. 

Podía ser de color marrón, o rojo. 

Pero no. 

Es azul. 

Un color que evoca paz, serenidad, libertad, equilibrio, melancolía. 


Qué grata coincidencia, por Dios.

De repente ya no escucho las trompetas. Nadie se atreve a tocarlas aún.

Solo veo un lienzo azul.

Vuelvo a cerrar los ojos.

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