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CONEXIÓN PURA.

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Hay momentos que no se buscan.  Te encuentran. La canícula apretaba con fuerza. Caminar por aquel sendero polvoriento, con más de cuarenta grados encima, era casi un castigo. Pero al final del camino esperaba un premio que compensaba el esfuerzo. Una visera de calizas embalsaba agua fresca en una poza turquesa, alimentada por una cascada ruidosa que parecía centrifugar hasta los malos pensamientos. Después de más de media hora tragando polvo, sumergirse allí era como entrar en la mejor lavadora natural del mundo. Al llegar, vi que no estaría solo. Dos chicas disfrutaban del lugar, sentadas en la terraza de piedra que bordeaba la poza. Les saludé, dejé la mochila y me quité la camiseta, listo para el chapuzón que llevaba imaginando desde hacía rato. Pero no éramos tres. Frente a mí, inmóvil, había un border collie que no me quitaba ojo desde que aparecí. Tenía las patas delanteras estiradas y la cabeza fija en mis movimientos. Ese gesto lo conocía bien:  Rex hacía lo mismo cuan...

EL AGUA NO TIENE IDIOMA

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Mediodía. Salí a andar. A ninguna parte. Sin rumbo. Por la carretera local, vacía, con ese silencio que parece tener solo el eco de tus pensamientos. Subía hacia la cima, sin más propósito que mirar el paisaje y sentir la brisa en el rostro. El calor empezaba a apretar, así que me quité la camiseta e improvisé un turbante con ella para proteger mi testa de los rayos hirvientes. En una curva oí que tras de mi se acercaban unas motos. Al pasar, levanté el brazo y les hice la V. Me devolvieron el saludo y los bocinazos de complicidad. Seguí subiendo. Al lado del arcén me llamó la atención un brillo parpadeante.  Comprobé que era un mechero en medio de un campo recién segado.  El escenario perfecto para el inicio de un incendio. Lo cogí y aunque estaba golpeado, seguía lleno de gas y funcionando. Con esas temperaturas era fácil que pudiera explotar y provocar una catástrofe. Me lo llevé. En un claro, antes de llegar arriba, vi a lo lejos una camper parada. Puertas abiertas, una me...

ANTI ¿QUÉ?

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El otro día hablábamos con unos amigos sobre los “anti”. Ese curioso prefijo que significa opuesto o contrario. Y sí, algunos tienen sentido.  Las cremas antiarrugas, por ejemplo: no detienen nada, pero quizá le ponen un freno suave al paso del tiempo.  No ganan la guerra, pero al menos retrasan la derrota.  Ahí el nombre encaja. Pero luego están los otros “anti”, los que te hacen pensar si quien los definió estaba de resaca. Los antidisturbios no evitan disturbios. Solo los disuelven a base de ostias, como quien intenta arreglar un electrodoméstico a golpes. Los antidepresivos no evitan la depresión. La maquillan, la amortiguan, la ponen en modo silencioso.  No es un “anti”, es un “a ver si lo llevas mejor”. El antivuelco no evita que vuelques. Solo intenta que, si pasa, y acabas dando más vueltas que una croqueta mal hecha, quede algo de rebozado y no solo el puré.. Y los antipinchazos… Llevarlos encima no te libra del reventón.  Como mucho, te ayuda a reparar...

UNA GUIA DE MIERDA.

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Dicen que hay días tontos, y tontos todos los días.  No me entra en la cabeza el supremo nivel de lerdez adquirido, para tener las santisísimas narices de leer corregir editar y publicar semejante esperpento. Es que no me lo puedo creer. Hay días en los que uno piensa que ya lo ha visto todo. Y luego aparece esto: una guía —sí, una guía— explicando cómo hacer tus necesidades en la naturaleza. Respira. Déjalo entrar.  Siente el nivel. Y que nivel, Maribel. Porque al parecer hemos llegado a un punto de la historia en el que un adulto necesita instrucciones para algo que un zorro, un jabalí, un perro o un niño de tres años resuelven sin tutoriales, sin infografías y sin un paso a paso con dibujitos. La humanidad, versión beta permanente. El problema no es la guía. Es lo que revela.  Que alguien la escriba ya es triste.   Pero que alguien la necesite… eso ya es arqueología social. Vivimos en una época donde respirar requiere un curso, caminar necesita un tutorial, p...

EL ARQUITECTO DE DIOS.

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  Me parece maravillosa la forma que tenía el "arquitecto de Dios", de diseñar sus estructuras del modo más natural posible. Sin ordenadores ni cálculos complejos.  Observaba esperaba y dejaba que la misma naturaleza le diera la respuesta. Sublime.  Como su obra. No dibujaba arcos perfectos ni calculaba fórmulas complicadas.  Empezaba al revés: dejando que la propia naturaleza hiciera el trabajo. Construía una especie de maqueta como una telaraña de cuerdas colgantes, conectadas entre sí como una red. Después añadía pequeños pesos equivalentes y proporcionales a las cargas qué debía soportar su construcción en los distintos puntos de esa red.  No solo en los extremos, sino en muchos lugares, representando el peso real del edificio: techos, muros, torres, bóvedas… Y entonces se hacia la magia: La gravedad entraba en acción. Cada peso tiraba hacia abajo.  Las cuerdas respondían, se estiraban, se ajustaban… hasta que todo encontraba una forma de equilibrio nat...

"SPEED DATING" PROFESIONAL. MI ESTRATEGIA.

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  ⏱️ DOS MINUTOS PARA TRIUNFAR. El haber llegado hasta ahí ya me hace estar satisfecho. No estoy nervioso. Pienso disfrutar del evento.  He llegado puntual.  Toman nota de mis datos y me dan un número. Esperamos con un café en la mano. Nos hacen pasar a una sala. Hay cinco personas sentadas. Enfrente, tres representantes de Barcelona Activa preparan la presentación; delante un micro en un atril, detrás una gran pantalla. Presentan la reunión.  Nos tranquilizan con una frase clave:  "Si estáis aquí, tenéis posibilidades. Ya hemos cribado vuestros currículums".  Primero hablarán las empresas. Presentarán sus proyectos y anunciarán qué buscan exactamente de nosotros. Pequeña pausa. Briefing.  Salimos de la sala.  🍀La suerte empieza a rodar.  Oteando el terreno de juego.  En el vestíbulo hay más de cien personas esperando. En una mesa, bajo el logo de cada empresa, irán llamando por orden, a la vista el número que está en la entrevista. Ent...

CUANDO DOS CAMISETAS SE CONOCEN.

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El domingo, en un paseo por la montaña, mi mujer llevaba puesta esa camiseta negra que compramos en homenaje a Rex. Un trazo blanco, sencillo, casi infantil: una mano y un perro.   No es solo un dibujo.   Es una ausencia a la que ese trazo le dio forma. Caminábamos en silencio, ese silencio raro que solo existe en la montaña, cuando te cruzas con tus propios pensamientos. Y entonces pasó. Una mujer y su hija bajaban por el sendero en dirección contraria. La señora se fijó en la camiseta de mi mujer.   Las dos llevaban la misma camiseta.   La chica en blanco.  Mi mujer en negro.   El mismo sentimiento tatuado. No fue una coincidencia.  Fue un reconocimiento.   Como si dos duelos se olieran a distancia. No hizo falta preguntar nada.   Cuando has querido a un perro de verdad —no como mascota, sino como compañero, como latido que te acompaña por la casa— sabes leer ese símbolo sin traducción.   Es un i...