EL AGUA NO TIENE IDIOMA
Mediodía. Salí a andar. A ninguna parte. Sin rumbo. Por la carretera local, vacía, con ese silencio que parece tener solo el eco de tus pensamientos. Subía hacia la cima, sin más propósito que mirar el paisaje y sentir la brisa en el rostro. El calor empezaba a apretar, así que me quité la camiseta e improvisé un turbante con ella para proteger mi testa de los rayos hirvientes. En una curva oí que tras de mi se acercaban unas motos. Al pasar, levanté el brazo y les hice la V. Me devolvieron el saludo y los bocinazos de complicidad. Seguí subiendo. Al lado del arcén me llamó la atención un brillo parpadeante. Comprobé que era un mechero en medio de un campo recién segado. El escenario perfecto para el inicio de un incendio. Lo cogí y aunque estaba golpeado, seguía lleno de gas y funcionando. Con esas temperaturas era fácil que pudiera explotar y provocar una catástrofe. Me lo llevé. En un claro, antes de llegar arriba, vi a lo lejos una camper parada. Puertas abiertas, una me...