NO SOY TU ETIQUETA.
A veces grito después de una mala noche. Eso me convierte en un ser humano agotado, no en un maltratador. A veces, la inocencia de un bebé me desborda y quiero comérmelo a besos; veo el reflejo de la pureza que un día fui. Eso me convierte en alguien tierno, no en un peligro social. A veces me miro con orgullo al salir del gimnasio tras una sesión intensa. Eso es amor propio, no narcisismo patológico. El problema no son mis gestos. El problema es una sociedad que ha renunciado a la interpretación. Hoy ya no se observa: se juzga, se sentencia y se condena en el tiempo que tarda en hacerse un scroll. La muerte del matiz No buscan entenderte, solo clasificarte. Eres esto o aquello. Blanco o negro. En este nuevo orden mental, los matices han muerto: Un grito es catalogado como violencia estructural. Una caricia bajo sospecha permanente. Un instante de orgullo es una patología. Es más fácil ejecutar que escuchar. Es más práctico eliminar la duda que ...