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Mostrando las entradas etiquetadas como REX

CUANDO DOS CAMISETAS SE CONOCEN.

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El domingo, en un paseo por la montaña, mi mujer llevaba puesta esa camiseta negra que compramos en homenaje a Rex. Un trazo blanco, sencillo, casi infantil: una mano y un perro.   No es solo un dibujo.   Es una ausencia a la que ese trazo le dio forma. Caminábamos en silencio, ese silencio raro que solo existe en la montaña, cuando te cruzas con tus propios pensamientos. Y entonces pasó. Una mujer y su hija bajaban por el sendero en dirección contraria. La señora se fijó en la camiseta de mi mujer.   Las dos llevaban la misma camiseta.   La chica en blanco.  Mi mujer en negro.   El mismo sentimiento tatuado. No fue una coincidencia.  Fue un reconocimiento.   Como si dos duelos se olieran a distancia. No hizo falta preguntar nada.   Cuando has querido a un perro de verdad —no como mascota, sino como compañero, como latido que te acompaña por la casa— sabes leer ese símbolo sin traducción.   Es un i...

EL ÚLTIMO SOBRE.

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Hoy en el gim promocionaban sobres de Activa PRO . Una conocida marca de piensos para perros.  Al salir, una pirámide de producto apilado en el vestíbulo antes de la salida, invitaba a coger una muestra, coronada con la foto de un simpático perro.  Ha sido instantáneo.  Un clic. Sin pensar. He cogido un par. Me he despedido con una sonrisa del chico que estaba en el puesto de marketing.  Al salir a la calle, un PLAS duro, seco y brutal me ha desgarrado el corazón. Miré al cielo. ¿Pero que he hecho? Si yo ya no tengo perro. Ya no.  Lo tuve, pero hace dos meses que no.  Ya no. Seguramente iba andando por la calle escuchando música mientras alguna lagrima se escapaba mejilla abajo, buscando la acera.  Menos mal que debió disimularse con el "chirimiri" que caía en aquellos instantes.  Me acercaba a casa. Los sobres todavía en mi mano.  Me negaba a hacerlos desaparecer.  El tenerlos, en cierto modo me devolvía más nítido su recuerdo.  D...

VIVIR EL MOMENTO.

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Mi perro no tenia reloj. Comía cuando tenía hambre. Siempre se ponía contento cuando sabía que salíamos a pasear . Igual que ayer.  Igual que después.  Igual que mañana.  Pero le daba lo mismo.  Siempre estába igual de feliz cuando sabía que salíamos. Saludaba a todo el mundo. Pasaba por los mismos lugares o los nuevos del mismo modo.  Con el ansia de descubrir algo nuevo cada vez.  Con la ilusión de siempre. Siempre era la misma ilusión. No era egoísta . No sufría con su pasado ni sentía ansiedad ante el futuro. Sólo era. Vivía siempre en el ahora.  En el momento. En su presente. Ladraba cuando yo salía por la puerta y saltaba de alegría cuando regresaba de nuevo a casa . Siempre igual.  Siempre lo mismo. Expresaba lo que sentía en el instante. Enfado. Alegria. Y así lo manifestaba. Vivía el momento. Expresaba la emoción.  Sin prejuzgar . Vivía el momento. Siempre el momento. El resto no existía  No era.  Era solo una ilusión. Una ...

HABLAR ¿ PARA QUÉ ?.

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  REFLEXIONES SOBRE LA COMUNICACIÓN Y LA FELICIDAD A TRAVES DE LA MIRADA DE UN PERRO. 1. UN DOMINGO CUALQUIERA. Recuerdo que era domingo. Otro fin de semana sin ningún plan destacable. Tumbado en el sofá, veía la tele sin demasiado interés, mientras “Pistacho”, un pequeño mestizo de apenas siete kilos, se enroscaba en mi regazo, disfrutando de mis caricias en su lomo. La agradable y acompasada sensación de los arrumacos nos relajaba a ambos: él, recibiéndolos; yo, dándoselos. De repente, se giró, buscando mis ojos, con esa mirada de no haber roto un plato, las orejitas hacia atrás y exhalando un suspiro, como si me dijera: —Jo, qué gusto. No pares, chaval. No le hacía falta hablar. Se le entendía todo. Pasamos un buen rato así, mientras la sesión de masaje continuaba con repeticiones infinitas. Ambos estábamos encantados. De fondo, la televisión gruñía. Mientras lo miraba, empecé a preguntarme qué había sido de su vida antes de que nuestros caminos se cruzaran. Aquel...

CAPÍTULO 4. EL VACÍO.

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📌 El Duelo: Aprender a Vivir con la Ausencia Después de semanas haciéndote la idea, lo cierto es que el acto de la despedida es una liberación. Un respiro. Una sensación de fin y de paz sublime. Un suspiro después del esfuerzo. Ya está. Paso. Fin. Pero lo duro viene después. Abrir la puerta y no oír sus pasos sobre el parquét. No ver una silueta peluda correr por el pasillo. No escuchar sus ladridos en la habitación. No sentir los golpes de su hocico en tu pierna, solicitándote un pedacito de pan y jamón. Mirar el rincón vacío donde antes dormitaba sobre su cesta. Levantarte y no sentir sus pasos tras de ti hacia el baño. No poder acariciarlo cuando estaba sobre ti en el sofá viendo la tele. No notar esos suspiros de satisfacción o esa mirada de agradecimiento. La ausencia. El vacío. El silencio. Eso es lo más duro. Durísimo. Mucho. ¿Cómo puede llegar a quererse tanto a un perro? No creo haber llorado tanto por nadie. Deberemos acostumbrarnos a ese dolor. Y ese dolor, duele. Quizás nu...

CAPÍTULO 3. LA DESPEDIDA.

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Costo decidirnos.  Costó . No me parecía ético acompañar a una mascota a morir con sedantes e inyecciones.  Me negaba. Y así, durante mucho tiempo, asistimos compungidos a tu decadencia. Ni comías ni bebías. Las costillas se te podían contar. Dabas un paso y te costaba mantenerte en pie. No. Así no. Pero aguantábamos. El hecho de todavía poder mirarte, sentirte, acariciarte, superaba la fatiga de verte así.  Y seguíamos intentándolo, aferrándonos a una mejora que no llegaba o a un milagro que no venía. Un día y otro. Pero no. Y un día, al fin, nos decidimos. ¿Acaso eso era vida?  Ni para ti ni para nosotros. Nos enseñan a agarrarnos a la vida, y a veces el verdadero amor es dejar partir.  Hacía tiempo que no eras, que no estabas. Habías tirado la toalla. La decadencia fue demasiado rápida. Pasaste de correr, saltar y airear tu porte esbelto por el barrio —nadie daba crédito a tus casi dieciocho años— a arrastrarte como un alma en pena en cuestión de pocos días. ...