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Mostrando entradas de abril, 2026

SINCRONICIDAD.

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Jung tenía razón. (*) Hay rutas en moto que te llenan el casco de mosquitos, y hay rutas que te vacían el alma de dudas.  El pasado fin de semana, tras una jornada espectacular con un colega en una magnífica mañana de sol curvas y asfalto, paramos a desayunar.  Era uno de esos momentos necesarios para ponernos al día. Hacia demasiado que no nos veíamos y había mucho que contar y oír. Hablábamos de la vida, de los cambios y de cómo gestionamos los golpes.  En un momento de sinceridad brutal, mi acompañante me soltó una verdad de esas que escuecen:  -"Masticas demasiado los problemas. Los arrastras, dejas que se enquisten y, al final, acabas viéndolo todo negro. Ves siempre el vaso medio vacío". Me quedé en silencio, procesando el "golpe" mientras apuraba el último trago de mi bebida.  Y entonces, ocurrió lo imposible. Al inclinar el vaso para dejarlo sobre la mesa, el hielo se desplazó.  Como si el universo estuviera escuchando la conversación y decidiera in...

UN SPA URBANO.

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🚌 Cuando el bus se convierte en salón de estética: crónica de una convivencia imposible ✦ Introducción Hay días en los que el transporte público te regala escenas que ni el mejor guionista se atrevería a escribir. Y luego están esos otros días… en los que te toca vivirlas en primera fila. ✦ La escena: estética exprés en la línea del bus Cojo el bus.   Delante de mí se sienta una señora.   Saca una lima del bolso y, sin dudarlo, empieza a hacerse las uñas como si estuviera en su salón de estética particular.   Y pienso:   ¿De verdad no tiene otro momento ni otro lugar para esto? ✦ La suricata vigila De vez en cuando levanta la cabeza, como suricata alerta, quizá buscando bronca.   Va dedo a dedo, raspando con ganas sus garfios y soplando las escamas que salen volando como si fueran confeti de mala calidad. ✦ La pregunta inevitable Y yo me pregunto:   ¿Soy demasiado fino o esto no está bien? Hay normas no escritas… pero también ...

UN INSTANTE.

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El otro día se cayó un vecino en el vestíbulo. Se rompió la nariz y no podía levantarse. Un solo instante fue suficiente. El momento de salir a tirar la basura. Un chico —un monitor que salía de trabajar y se iba a comer— fue el primero en ayudarle. Poco a poco fueron saliendo más vecinos. Llamamos a la ambulancia. Nos dijeron que no lo tocáramos. No podía moverse. La chica de la peluquería trajo mantas. Otros atendían al herido, que seguía en el suelo, sobre un charco de sangre. En ese momento pasó una chica colombiana. Iba a urgencias porque no se encontraba bien. Era médica. Aun así, se quedó. Le insistimos en que siguiera, que ya estábamos nosotros. No quiso. Decía que era su obligación. Mientras esperábamos a la ambulancia, intentamos tranquilizar al vecino. Llamamos a su hija, que hacía poco se había ido. Fuimos a buscar a su mujer. La sentamos a su lado. Sin darnos cuenta, se formó un equipo. Cada uno hacía algo. Llegó la pareja de la chica. Colombiano también. Médico. Llevan se...