UN SPA URBANO.


🚌 Cuando el bus se convierte en salón de estética: crónica de una convivencia imposible

✦ Introducción

Hay días en los que el transporte público te regala escenas que ni el mejor guionista se atrevería a escribir. Y luego están esos otros días… en los que te toca vivirlas en primera fila.

✦ La escena: estética exprés en la línea del bus

Cojo el bus.  

Delante de mí se sienta una señora.  

Saca una lima del bolso y, sin dudarlo, empieza a hacerse las uñas como si estuviera en su salón de estética particular.  

Y pienso:  

¿De verdad no tiene otro momento ni otro lugar para esto?

✦ La suricata vigila

De vez en cuando levanta la cabeza, como suricata alerta, quizá buscando bronca.  

Va dedo a dedo, raspando con ganas sus garfios y soplando las escamas que salen volando como si fueran confeti de mala calidad.

✦ La pregunta inevitable

Y yo me pregunto:  

¿Soy demasiado fino o esto no está bien?

Hay normas no escritas… pero también hay gente que no sabe —o no quiere— leerlas.

✦ Si esto es normal, ¿qué viene después?

Porque si limarse las uñas en un espacio cerrado y compartido es aceptable, ¿qué sigue?

- ¿Depilarse las cejas?  

- ¿Sacar las pinzas y cazar pelos de la nariz?  

- ¿Poner los pies en remojo?  

- ¿Una mascarilla facial de arcilla mientras avanzamos por la Diagonal?

¿De verdad tengo que respirar las escamas de semejante espécimen?

No.  

Me parece asqueroso.

✦ El verdadero problema: la convivencia

Y entonces pienso:  

¿Qué nivel de convivencia puede tener alguien que convierte un bus en su baño privado?

El clásico:  

Ande yo caliente y ríase la gente.”  

Pero versión deluxe, con exfoliación incluida.

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