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Mostrando las entradas etiquetadas como NATURALEZA

AZUL.

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Las trompetas del futuro anuncian el fin de la temporada estival.   Me encuentro quemando los últimos rescoldos.  En un día precioso, sin ninguna nube ni brisa, yazco tumbado inerte cual lagarto ocelado sobre la roca, encima de un colchón hinchable amarillo pollo de los chinos de apenas 5 € que soporta mi peso adecuadamente.  Mecido por las escasas embestidas del agua del pantano. La cabeza protegida con un bob de camuflaje y mis ojos con gafas de sol y cuerda de goma antivuelco de color naranja.  Panza arriba, me dejo llevar por las ondas de la superficie.  El bañador húmedo y los Crocs grises completan mi uniforme agostero.  La paz es sublime.  Los brazos a ambos lados del hinchable hacen de remos inamovibles con mis manos sintiendo el roce del agua.  Tan bien me siento que pierdo la noción del tiempo. No sé si pasan escasos segundos o alguna decena de minutos, hasta que el excesivo calor en mi pecho hace que despierte del sopor.  Entonces...

EL AGUA NO TIENE IDIOMA

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Mediodía. Salí a andar. A ninguna parte. Sin rumbo. Por la carretera local, vacía, con ese silencio que parece tener solo el eco de tus pensamientos. Subía hacia la cima, sin más propósito que mirar el paisaje y sentir la brisa en el rostro. El calor empezaba a apretar, así que me quité la camiseta e improvisé un turbante con ella para proteger mi testa de los rayos hirvientes. En una curva oí que tras de mi se acercaban unas motos. Al pasar, levanté el brazo y les hice la V. Me devolvieron el saludo y los bocinazos de complicidad. Seguí subiendo. Al lado del arcén me llamó la atención un brillo parpadeante.  Comprobé que era un mechero en medio de un campo recién segado.  El escenario perfecto para el inicio de un incendio. Lo cogí y aunque estaba golpeado, seguía lleno de gas y funcionando. Con esas temperaturas era fácil que pudiera explotar y provocar una catástrofe. Me lo llevé. En un claro, antes de llegar arriba, vi a lo lejos una camper parada. Puertas abiertas, una me...

UNA GUIA DE MIERDA.

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Dicen que hay días tontos, y tontos todos los días.  No me entra en la cabeza el supremo nivel de lerdez adquirido, para tener las santisísimas narices de leer corregir editar y publicar semejante esperpento. Es que no me lo puedo creer. Hay días en los que uno piensa que ya lo ha visto todo. Y luego aparece esto: una guía —sí, una guía— explicando cómo hacer tus necesidades en la naturaleza. Respira. Déjalo entrar.  Siente el nivel. Y que nivel, Maribel. Porque al parecer hemos llegado a un punto de la historia en el que un adulto necesita instrucciones para algo que un zorro, un jabalí, un perro o un niño de tres años resuelven sin tutoriales, sin infografías y sin un paso a paso con dibujitos. La humanidad, versión beta permanente. El problema no es la guía. Es lo que revela.  Que alguien la escriba ya es triste.   Pero que alguien la necesite… eso ya es arqueología social. Vivimos en una época donde respirar requiere un curso, caminar necesita un tutorial, p...

TODO FLUYE.

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Mi hija anda por el Machu Picchu. Envió una foto en una cascada impresionante, fluyendo en un paraje natural increíble. Una vez leí que el agua que corre por nuestras venas es la misma que circula en la Tierra desde hace millones de años.   Agua. Solo dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno.  Nada más. Y nada menos.  No se crea ni se destruye: se evapora, sube al cielo, se condensa en nubes, y vuelve en forma de lluvia.  Y se esconde en un glaciar, se desliza en un río y termina en nuestro vaso. Los componentes de esa misma gota que hoy nos sacia la sed formaron parte de la sangre de un dinosaurio, estuvieron en el sudor de un gladiador o en las lágrimas de alguien que amó demasiado. Le dije que la escuchara.  Que se sumergiera, que se impregnara de ella en ese entorno mágico y místico.   Quién sabe si esa mismísima agua contiene átomos que alguna vez rozaron la piel del mismísimo Pachacútec. Dicen también que el hidrógeno de nuestro cuerpo proviene del Bi...

ME GUSTAN LOS TOROS.

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Me gustan los toros. Lo siento. De verdad. Son habitantes humildes de este planeta. Como tú. Como yo. Con los mismos derechos. Con la misma dignidad. Pero los toreros… no.   Esos no.  A esa tortura no.  Llamarlo “FIESTA ” me parece una aberración.  Decir que es arte… un despropósito. No lo entiendo. No quiero entenderlo. Me pregunto a menudo, que debe pasar por la cabeza de alguien que tiene enfrente a un ser vivo, sangrando por todos los poros, atravesado por lanzas que el mismo ha clavado. ¿Eso es valor? ¿ Eso es tradición? Es fácil de entender. Si alguien te acaricia, te gusta.  Si te golpean, duele.  Pues al toro… también.  No hace falta ser etólogo. Ni psicólogo. Ni activista.  Solo hace falta humanidad. A no ser que creas que tienes derecho a aplastar a quien no habla, no piensa o no vota como tú.  Y ese poder… solo te lo otorgas tú mismo. Nadie más. No.   Nadie debería tener ese derecho. Solo el deber, de ser más humano. Y rectifi...

INSTANTES QUE HUELEN A LIBERTAD.

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Me gusta la primavera.   Sus colores. Esa luz especial. El sol perezoso que cada día retrasa un poquito más su despedida hasta el siguiente amanecer. Los olores. Ver cómo la naturaleza renace. El agua que se disloca, nerviosa, por torrentes de música celestial. Me gusta la moto. Sentir todo tu cuerpo danzar con la máquina entre curvas. Lo rescaté de la calle. Un viejo trípode. Roto. Olvidado. Lo modifiqué, lo adapté para móviles de 6” y la GoPro. Ahora es muy estable y llega hasta 1,60. Le he dado una segunda vida. Siempre va conmigo en la mochila, compañero fiel en cada salida. Salir en moto estos días me relaja profundamente. Disfrutar de todo lo anterior, sumado al placer de rodar, es… indescriptible. Único.  La liturgia del casco, la chaqueta, los guantes. El sonido de la máquina al encenderse. El equilibrio. La aceleración. La libertad. Me gustan las fotos. No es solo una imagen estática.  Un instante inmortalizado en un fotograma.  Un recipiente de sensaci...

CUANDO TODO SE ROMPE.

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Imagina que coges tu 2 Cv.  Ese viejo Citroën que ruge más por la tornilleria floja que por potencia. Y decides adentrarte en el desierto del Sáhara. Solo. A tu aire. A la aventura. Pero chocas con una roca. Fuerte. Y te quedas tirado, completamente solo, en mitad de la nada.  Sin cobertura, sin coches pasando, sin nadie.  Solo tú, el calor brutal y un coche inservible. ¿Qué haces? Pues al francés Émile Leray le pasó.  En 1993.  Electricista de profesión. Cabeza dura de nacimiento.  Y lo que hizo fue algo más que sobrevivir. No se quedó mirando los restos. Se puso manos a la obra.  Con apenas una sierra una llave inglesa un martillo y una llave inglesa, desmontó el coche pieza a pieza.  Recortó el chasis. Recolocó el motor.  Con las cuatro herramientas que llevaba, se inventó una moto.  En 12 días.  Sin manual.  Sin ayuda.  Solo él y el desierto. Y cuando estuvo montada, encima… arrancó.  Y consiguió salir de allí....

WC. NO TODO ENTRA.

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Siempre pensé que esas cosas solo pasaban en países lejanos, como Tailandia, la India o algún otro rincón del mundo, y que solo veías en vídeos de YouTube.  Pero no.  Esto me pasó a mí.  Trabajaba en un almacén. Entré al WC, levanté la tapa y, en principio, todo parecía normal.  Pero algo llamó mi atención: una masa oscura flotaba en el fondo. "¿Qué demonios es esto?", pensé. "Vaya, alguien olvidó tirar de la cadena". Justo cuando me disponía a accionar la palanca, me di cuenta de que esa masa no solo estaba flotando, sino que se movía . "¿Qué?" pensé, atónito. " ¿La caca se mueve?"  Nunca había visto algo como esto en toda mi vida. Pero ¿que habrá comido ese tipo?  Me acerqué para observar mejor y, cuando fijé la vista, algo más apareció.  Dos orejas mojadas, un hocico con largos bigotes... ¡era una rata gigante de cloaca intentando saltar fuera del inodoro!  Mi corazón se detuvo por un segundo. Miré a mi alrededor buscando algo que pudiera serm...