LUZ EN LA OSCURIDAD.
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Hacía más de diez años que no subíamos.
Can Gordei. La Bisbal del Penedès.
Un lugar que antes tenía vida: fines de semana, barbacoas improvisadas, niños corriendo, el viejo Nissan Patrol seis cilindros junto al módulo.
Esa sensación tan simple y tan poderosa de “ya hemos llegado”.
Después llegaron los problemas de salud.
Después, la vida. Y al final… la muerte de Marco.
Mi amiga no quería volver.
Demasiados recuerdos. Demasiada ansiedad.
Pero el terreno seguía allí, pagando gastos, generando problemas… y alimentando rumores.
Rumores de okupas. De un yonqui. De enganches ilegales de luz.
De peleas. De alguien viviendo dentro del módulo.
Si algo grave ocurría allí dentro, la responsabilidad era suya.
Así que ayer la convencimos.
Fuimos los tres.
Y lo que encontramos parecía el escenario abandonado de algo mucho peor que un simple expolio.
La verja de entrada sostenida con una cuerda.
La vegetación devorándolo todo.
Ferralla. Plásticos. Basura.
Y ese silencio extraño que te obliga a hablar en voz baja sin saber por qué.
El Patrol había desaparecido. Ni rastro.
Las casetas, reventadas.
Una llena de bolsas de basura haciendo de apuntalamiento, ocupando el espacio de sillas mesas y sombrillas.
La otra, donde estaban las dos motos, vacía, con dos sacos y botes de pintura en el suelo.
Puertas forzadas. Cerraduras arrancadas.
Y el módulo…
El módulo daba miedo.
Una puerta con un candado enorme.
La otra, abierta solo con empujar.
Cuando entré, el olor me golpeó.
Humedad. Polvo.
Excrementos de rata. Ropa tirada.
Casa cerrada durante años.
Pero también había otra cosa.
Presencia. Alguien había vivido allí dentro.
Todo destrozado. Armarios arrancados.
Electrodomésticos por el suelo.
Cojines abiertos. Botellas.
Restos de comida.
Objetos imposibles de relacionar entre sí.
Como si alguien hubiera ido desmontando una vida pieza por pieza.
Tras una puerta desvencijada dentro de una alacena en lo que era una sala de estar, sobre un estante entre polvo y trastos desparramados de todo tipo, de pronto, entre tanta mierda, asoman tímidamente lo que parecen unas fotos antiguas.
Las cojo. Las miro.
Son fotos de Marco.
Su comunión. La mili. De bebe, con su hermana.
Apareció mi amigo.
Mirándome desde un tiempo que ya no existe.
Como diciéndo: estoy aquí.
Contigo.
Recuerdos que alguien había guardado… pero no lo suficiente.
Ese contraste me golpeó más que toda la suciedad.
Entre la decadencia aún quedaban restos de una vida normal.
El pasado intentando respirar entre las ruinas del presente.
Y entonces aparecieron los papeles.
Móviles destrozados.Carpetas con documentos. Fotocopias de un DNI.
Extractos bancarios.Denuncias.Cartillas.
La colección completa de la revista CAÑAMO.
Y sobre todo… escritos.
Escritos dirigidos a Su Señoría.
Historias de grupos armados persiguiendo a gays. Explosivos. Amenazas de muerte.
Vecinos enviando sicarios con perros peligrosos.
Peleas entre drogadictos. Denuncias absurdas. Acusaciones constantes.
Vecinos que le acosaban por pinchar la luz en el que decía que era su domicilio.
Amenazas de muerte. Certificados de Libertad sin cargos.
De la separacion amistosa con su anterior pareja.
Páginas y páginas de alguien que parecía vivir atrapado dentro de su propia cabeza.
En un rincón, dentro de un armario, me llama la atención, entre tanto caos y desorden, una bolsa transparente de plástico con accesorios BDSM.
Aislada de porquería y casi sin polvo sobre ella.
Vaya.
Además alguien, ahí aprovecha para dar rienda suelta a sus más oscuros y bajos instintos.
Mas adelante , aparece en el suelo bajo mantas y mochilas viejas una pistola.
De balines.
Pero durante unos segundos hasta que no lo comprobé, parecía real.
Cada objeto abría un interrogante nuevo.
¿Quién era realmente aquel individuo?
¿Cuándo empezó a hundirse?
¿Era solo un okupa?
¿O alguien escapando de sí mismo?
¿Cuánta gente había pasado por aquel módulo?
¿Cuántas noches durmió allí, rodeado de basura, paranoia y oscuridad?
Salimos en silencio.
Con la sensación de haber entrado no solo en una casa ocupada, sino en los restos mentales de alguien que llevaba años rompiéndose por dentro.
Y mientras cerrábamos aquella puerta destrozada, mi amiga dijo una sola frase.
Muy bajito.
Como hablándose a sí misma.
—Aquí fuimos felices.
Para quien lee:
¿Existe algún lugar al que no has querido volver porque sabías que ya no ibas a encontrar lo que recordabas?
#HistoriasReales
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