CUATRO REYES.


Fue el primer enano de la familia.  

Eso implicó amor incondicional, abrazos eternos, mimos exagerados y besos a miles. 

No podía ser de otro modo. 

Se de lo que hablo, pues me ocurrió lo mismo.


Y así fue.  


En uno de sus primeros Reyes conscientes, su habitación quedó inundada: una montaña de embalajes, cajas, celofanes, papeles de colores y regalos de familia y amigos.  


Se volvió loco abriendo paquetes, saltando nervioso de una sorpresa a otra sin tiempo para asumir ni disfrutar ninguna.  


Quedó perplejo, abrumado, sin saber por qué decidirse.

Iba de novedad en novedad sin prestar atención.  


Durante la sobremesa lo cogí en brazos.  

Antes me había entretenido en hacer un torpe avión de papel con una servilleta. 


Lo lancé. Flotó unos segundos y aterrizó en el suelo de su habitación.  


Era, sin duda, el primer avión de papel que veía. 

Se quedó embelesado.  


Bajó raudo de mis piernas y se abalanzó hacia él.  

Lo cogió y se pasó todo el santo día jugando con eso.  


Esa imagen —sentado en el suelo de su habitación, jugando con un avión de papel tras la montaña de regalos— se me quedó grabada.  


Ese día mi hijo descubrió que, a menudo, lo que más vale es lo que menos cuesta.


PARA QUIEN LEE:


Este texto no es solo una escena familiar.  

Es una invitación a mirar lo esencial, a recordar que el valor no siempre viene envuelto.  


Que a veces, lo que permanece no es lo que brilla, sino lo que vuela.



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#LoQueValeNoCuesta

#AviónDePapel

#MinimalismoEmocional

#PadresQueObservan

#MetáforaViva

#RegalosSinPrecio

#Narrativ

aÍntima


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