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CEMENTO, SUELO, SILENCIO.

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Después de días de agua y humedad, el día radiante invita a dar un paseo. Día precioso. Cielo azul. Buena temperatura. Ando mirando el suelo . Cierro los ojos. Carretera, montaña, curvas, vermut en una terracita al lado del mar, tertulia en buena compañía, o escuchando un río, o un paseo por el bosque. Sigo andando.  Cemento, hormigón.  Colas para el pan y colas para el pollo , y colas para tomar el aire.   ... Androides pendientes de pantallas. Nadie mira a los ojos. Prisas sin metas. Esquivo, patinetes, bicis, y algún coche . Una gaviota disputa un mendrugo reseco con una paloma, una cotorra se lo lleva, mientras un pequeño gorrión observa.  El cielo, azul.   Para que ? Ando . Cemento, hormigón. Y sigo mirando al suelo. #ReflexiónUrbana #CieloAzul #AlienaciónModerna #VidaCotidiana #NaturalezaEnLaCiudad #MirandoElSuelo  

PRESENTACIÓN: SLUG .

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Cuando la noche susurra sus secretos.  Era de madrugada.   No sé por qué, pero abrí el armario de la cocina.   La tenue luz de la luna se colaba por la ventana, proyectando mi sombra y sumergiendo la sala en una penumbra inquietante.   Saqué una vieja caja de chapa, olvidada por el tiempo y cubierta de polvo. Antes contenía galletas. Ahora estaba vacía... o eso parecía.   Sin saber bien por qué, la abrí.   Fue entonces cuando todo empezó.   ¿Quieres descubrir qué se escondía en su interior?   No te pierdas los próximos capítulos.   Porque el terror, como la noche, no entiende de sensibilidades. #RelatoDeTerror  #Intriga  #Suspense

CAPÍTULO 4. EL VACÍO.

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📌 El Duelo: Aprender a Vivir con la Ausencia Después de semanas haciéndote la idea, lo cierto es que el acto de la despedida es una liberación. Un respiro. Una sensación de fin y de paz sublime. Un suspiro después del esfuerzo. Ya está. Paso. Fin. Pero lo duro viene después. Abrir la puerta y no oír sus pasos sobre el parquét. No ver una silueta peluda correr por el pasillo. No escuchar sus ladridos en la habitación. No sentir los golpes de su hocico en tu pierna, solicitándote un pedacito de pan y jamón. Mirar el rincón vacío donde antes dormitaba sobre su cesta. Levantarte y no sentir sus pasos tras de ti hacia el baño. No poder acariciarlo cuando estaba sobre ti en el sofá viendo la tele. No notar esos suspiros de satisfacción o esa mirada de agradecimiento. La ausencia. El vacío. El silencio. Eso es lo más duro. Durísimo. Mucho. ¿Cómo puede llegar a quererse tanto a un perro? No creo haber llorado tanto por nadie. Deberemos acostumbrarnos a ese dolor. Y ese dolor, duele. Quizás nu...

CAPÍTULO 3. LA DESPEDIDA.

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Costo decidirnos.  Costó . No me parecía ético acompañar a una mascota a morir con sedantes e inyecciones.  Me negaba. Y así, durante mucho tiempo, asistimos compungidos a tu decadencia. Ni comías ni bebías. Las costillas se te podían contar. Dabas un paso y te costaba mantenerte en pie. No. Así no. Pero aguantábamos. El hecho de todavía poder mirarte, sentirte, acariciarte, superaba la fatiga de verte así.  Y seguíamos intentándolo, aferrándonos a una mejora que no llegaba o a un milagro que no venía. Un día y otro. Pero no. Y un día, al fin, nos decidimos. ¿Acaso eso era vida?  Ni para ti ni para nosotros. Nos enseñan a agarrarnos a la vida, y a veces el verdadero amor es dejar partir.  Hacía tiempo que no eras, que no estabas. Habías tirado la toalla. La decadencia fue demasiado rápida. Pasaste de correr, saltar y airear tu porte esbelto por el barrio —nadie daba crédito a tus casi dieciocho años— a arrastrarte como un alma en pena en cuestión de pocos días. ...

CAPÍTULO 2. REX, UN SER DE LUZ.

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COINCIDENCIAS QUE NO SON CASUALIDAD.  Recuerdo que, poco después de adoptarlo, fuimos a pasear. Bajamos hasta la Sagrada Familia. Siempre seguíamos una trayectoria más o menos recta desde casa.  En aquel tiempo, el amigo estaba pletórico. Marcaba el rumbo delante, tirando con fuerza de la correa, oliendo las esquinas y saludando a todos los chuchos que se encontraba, como queriendo manifestar lo contento que estaba.  Lo cierto es que era difícil que nadie se fijara en él o le dijera algo. Era un bicho muy simpático y llamaba la atención su porte y su cola enroscada. Aquel día, tiramos por un camino algo distinto al habitual.  Íbamos serpenteando en diagonal hasta el destino.  En cierto modo, era él el que iba marcando el camino.  ¿Qué más daba? No teníamos prisa y el día era precioso. Estábamos parados en un paso de peatones.  Enfrente, una chica con pinta de estudiante esperaba mirando la pantalla del móvil, bandolera al hombro.  Se puso el semáf...

CAPÍTULO 1. LA ADOPCIÓN.

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El inicio de una gran amistad.  Estaba pasando una mala época. Tenía un bajón importante.  Adoptar un perro fue la excusa perfecta, para que los dos juntos consiguiéramos remendar nuestros corazones heridos.  Mis hijos siempre nos echaban en cara que, tanto que nos gustaban los animales, nunca habíamos tenido uno.  Así que, dicho y hecho.  Un domingo nos acercamos a la Protectora Municipal del Tibidabo. Teníamos claro que adoptaríamos.  Compartiríamos nuestra vida, nuestro espacio y nuestro tiempo con un alma desahuciada. Después de los trámites burocráticos y un pequeño test para saber nuestras necesidades y características, pasamos a una zona donde esperábamos conocer a algunos candidatos.  El lugar estaba formado por diversas plazas de cemento, delimitadas por vallas y verjas. Entre las parcelas, corrían pasillos de tierra. En cada caseta, perros de lo más variopinto esperaban su destino. Algunos saltaban para llamar la atención, otros te lo decían ...