ANTI ¿QUÉ?
El otro día hablábamos con unos amigos sobre los “anti”.
Y sí, algunos tienen sentido.
Las cremas antiarrugas, por ejemplo: no detienen nada, pero quizá le ponen un freno suave al paso del tiempo.
No ganan la guerra, pero al menos retrasan la derrota.
Ahí el nombre encaja.
Pero luego están los otros “anti”, los que te hacen pensar si quien los definió estaba de resaca.
Los antidisturbios no evitan disturbios.
Solo los disuelven a base de ostias, como quien intenta arreglar un electrodoméstico a golpes.
Los antidepresivos no evitan la depresión.
La maquillan, la amortiguan, la ponen en modo silencioso.
No es un “anti”, es un “a ver si lo llevas mejor”.
El antivuelco no evita que vuelques.
Solo intenta que, si pasa, y acabas dando más vueltas que una croqueta mal hecha, quede algo de rebozado y no solo el puré..
Y los antipinchazos…
Llevarlos encima no te libra del reventón.
Como mucho, te ayuda a repararlo sin quedarte tirado en mitad de ninguna parte.
Al final, muchos “anti” no son tan anti.
Son más bien un “intenta que no pase, pero si pasa, que no sea un drama”.
Y quizá ahí está la gracia: vivimos rodeados de cosas que prometen evitar lo inevitable.
Y aun así las usamos, porque nos dan la sensación —aunque sea mínima— de que tenemos algo bajo control.
A veces, con eso nos basta.
Puro marketing.
#ReflexionesCotidianas
#IroníasDeLaVida
#AntiQueNoSonAnti
#PensarUnPoco

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