POCAS LUCES.


A veces uno se pregunta para qué demonios sirven las comercializadoras eléctricas.

COMERCIALIZADORAS.

Sólo son los despachitos donde cuatro "iluminados" - nunca mejor dicho— se pasan el día enviando contratos que nadie ha pedido, aceptando CUPS que no existen o tramitando cambios de titularidad como quien reparte flyers en la Rambla.

Miles de millones en beneficios… para que luego no sepan ni quién es el titular de tu casa.
Miles de millones para que, cuando te cortan la luz por un error suyo, te digan con toda la cara:
“Si no me das el número de contrato no puedo ayudarte”.

Perfecto.
Me habéis borrado el contrato, me habéis cambiado la comercializadora sin permiso, me habéis dejado sin suministro, y la solución es que os dé un número que solo vosotros teníais.
Brillante.
Puro genio administrativo.
Y todavía habrá quien diga que el sistema funciona.

Empresas con helipuertos en sus azoteas edificios acristalados enormes, ejércitos de trajeados con cargos de nombres tan creativos como inútiles y miles de millones de beneficios cada año, ¿no podrían gestionar ellas todo el proceso?
Que sentido tienen las comercializadoras ?
Alguien puede explicármelo ?
Quizás pretendían crear competencia y un mejor servicio al cliente.
Pero nada más lejos de la cruel realidad.
Una distribuidora que distribuye,
unas comercializadoras que comercializan,
y unos usuarios que siempre pagamos su fiesta.
Una especie de trilogía absurda:
cada uno hace su parte… y nadie responde de nada.

EL APAGÓN.

Cuando te roban el contrato por error o por incompetencia (que casi es lo mismo),
la distribuidora te dice que preguntes a la comercializadora.
La comercializadora te dice que preguntes a la distribuidora.
Y tú, en medio, sin luz, sin contrato, sin respuesta y sin paciencia.
Para cambio de nombre de una línea, tan solo solicitan el DNI y CUPS.
Todo modo virtual.
Pero, ¿Y si por error ese CUPS, es el tuyo ?
 

EL LIMBO.

Entonces, automáticamente el anterior cliente entra en el limbo.
Entras en bucle, como no existes nadie te encuentra.
No estás. Mientras se generan facturas de consumo a alguien que por error ha contratado una tarifa que tú debes pagar, aunque no hayas contratado. 

Hasta que un día estás sin luz.
Lo fascinante es que después de décadas, nadie haya pensado lo evidente:

¿Por qué demonios no se gestiona TODO desde la misma empresa?
Una ventanilla, una base de datos, un interlocutor.
Algo razonable. Algo lógico.

Algo que no implique estar media vida escuchando locuciones grabadas de “nuestros agentes están ocupados en este momento”.
O te mareen de un departamento a otro escuchando boots insensibles o tecleando números con opciones inútiles.

Mientras tanto, la industria eléctrica española sigue funcionando como un mecano oxidado, lleno de intermediarios que no solucionan nada, que no tienen luces pero viven como iluminados.

La luz, esa que para ti es un derecho básico, pero para ellos es solo una oportunidad de negocio.

Porque al final, el problema no es que se equivoquen de CUPS.
El problema es que no existe ningún mecanismo real para evitar que lo hagan,
ni una sola medida para protegerte a ti.
Todo está diseñado para que ellos tengan el control,
y tú el recibo.
O la oscuridad.

LA LUZ.

Bienvenidos a la electricidad en España:
el único país donde perder la luz es más fácil que dar de baja una línea móvil,
y donde recuperar tu contrato parece una prueba de acceso a la Nasa.
Pero no pasa nada.
Ellos siguen cobrando.
Tú sigues esperando.
En este impass me entra la noticia del beneficio de mas del 24%. 
Unos 1710 millones. 
Acs.

Sigo esperando. Desesperado.

Y mientras me siento como una especie de Gato de Schrödinger dentro de la caja, y no sé si cortarme las venas o dejarmelas largas.

Y el sistema sigue siendo la mejor parodia involuntaria de sí mismo. 
Un cortocircuito constante con perpetuos chispazos en un país de genios sin genio y de clientes sin esperanza.

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