CUANDO SEAS PEQUEÑO.
Llegaba el aniversario de mi hijo. Y como cada año, repasé recuerdos, fotos, anécdotas. Y con una sonrisa recordé una en especial. Tendría unos cinco años. Estábamos jugando con sus coches y motos, y le dije: —Cuando seas grande, papá te llevará en moto. Se me quedó mirando, me abrazó y me respondió: —Y yo a ti, papá, cuando seas pequeño. No era filosofía. No era lógica. Era amor devolviendo la jugada. Era su manera de decir: yo también disfrutaré contigo. En su mundo, el tiempo no es una línea. Es un círculo. Si yo crezco, tú decreces. Si yo avanzo, tú regresas. Si yo te llevo, tú te dejas llevar. Los psicólogos lo llaman pensamiento preoperacional: a esa edad los niños no entienden aún el tiempo como calendario, lo entienden como promesa. No buscan coherencia lógica, buscan equilibrio emocional. Si yo recibo, yo doy. Si tú me cuidas, yo también te cuido. Aunque para lograrlo tenga que inventar una lógica imposible: convertirte en pequeño. Y ahí está la poesía: los adultos contamos la...