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Mostrando entradas de noviembre, 2025

CUANDO SEAS PEQUEÑO.

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Llegaba el aniversario de mi hijo. Y como cada año, repasé recuerdos, fotos, anécdotas. Y con una sonrisa recordé una en especial. Tendría unos cinco años. Estábamos jugando con sus coches y motos, y le dije: —Cuando seas grande, papá te llevará en moto. Se me quedó mirando, me abrazó y me respondió: —Y yo a ti, papá, cuando seas pequeño. No era filosofía. No era lógica. Era amor devolviendo la jugada. Era su manera de decir: yo también disfrutaré contigo. En su mundo, el tiempo no es una línea. Es un círculo. Si yo crezco, tú decreces. Si yo avanzo, tú regresas. Si yo te llevo, tú te dejas llevar. Los psicólogos lo llaman pensamiento preoperacional: a esa edad los niños no entienden aún el tiempo como calendario, lo entienden como promesa. No buscan coherencia lógica, buscan equilibrio emocional. Si yo recibo, yo doy. Si tú me cuidas, yo también te cuido. Aunque para lograrlo tenga que inventar una lógica imposible: convertirte en pequeño. Y ahí está la poesía: los adultos contamos la...

BAZÓFIA MORAL.

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En este tiempo de suma y sigue,  de avaricia que no cesa, de corrupción que se repite como un eco cansino, me consume el hartazgo.   No por sorpresa, sino por saturación. Escucho en bucle casos equivalentes, siglas y colores distintos pero con métodos similares, y siempre me pregunto lo mismo:   ¿qué catadura moral hay detrás de semejante bazofia? Porque no hablamos de monstruos lejanos, de mitos enterrados o de fantasmas imaginarios.  No.  Hablamos de individuos que comparten espacio, acera, sociedad.   Siempre he pensado que quien roba por hambre tiene mi perdón.   No porque robar sea justo, sino porque el hambre no espera.   Porque si alguien no tiene nada,  ¿qué menos que compartir, que ayudar, que entender? Pero hay otra categoría.  La de los blindados.  Los que ya tienen, los que incluso poseen mucho mas de lo necesario e imprescindible y aún así quieren más.   Los que viven en jaulas doradas...

SER SÚBDITO.

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Han salido las memorias del emérito. Francamente, querida, me importan un bledo. Nunca he comprendido la pleitesía por descendencia, por sangre azul, ni la mamporrería de la plebe hacia un mortal al que consideran inviolable y superior solo por ese hecho, dando por sentada su propia inferioridad ante esa supuesta eminencia. —“Está mal, pero no podía dejar de aceptar cien millones de dólares en comisiones...” Si tus vasallos supuestamente te otorgan ese poder solo exigiéndote ejemplaridad, y ni eso das, entonces... ¿Qué mereces? No me entra en la cabeza que haya acólitos que aún le aplaudan después de leer semejante bazofia. No necesitas corona ni monarca. Para ser súbdito basta con obedecer sin pensar,  con aplaudir lo que no se entiende, con repetir los panfletos que te dictan sin preguntarte por qué,  o arrodillarte ante un mortal. Ser súbdito es elegir la comodidad del rebaño  antes que el vértigo de la pregunta. Es confundir sentencia con justicia,  noticia con v...

GRACIAS.

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Esta mañana visitamos a una amiga ingresada en un hospital público. Lleva allí varios días. En esas habitaciones de paredes, batas blancas y horas eternas, donde el tiempo se dilata y el cuerpo paciente espera, una visita no es solo cortesía: es la afirmación de un vínculo, de humanidad compartida. A su lado, una joven vestida con colores vivos se quejaba sin parar. Las enfermeras acudían una y otra vez con calmantes. Nuestra amiga nos contó que, por complicaciones de la diabetes, quizá deban amputarle varios dedos del pie. Una enfermera, con hiyab, intentaba comunicarse con ella en inglés. La paciente apenas comprendía.  Más tarde llegó su pareja. Hablaban entre ellos en su idioma.  Nuestra amiga nos dijo que, por lo visto, llevan años viviendo aquí, pero no hablan ni castellano ni catalán. Entonces surgió la pregunta: ¿Puede alguien vivir durante años en un país sin aprender su lengua?   ¿Puede recibir cuidados, ocupar espacio, beneficiarse de lo común, sin hacer e...