ILUSOS.
En estos días, la noticia del famoso cometa 3I/ATLAS y el hallazgo de unas huellas de jóvenes jugando sobre un lago helado en Norteamérica hace más de 23.000 años me han hecho reflexionar. La historia —y la ciencia— se construyen como una cadena de certezas temporales: creemos saber de dónde venimos y hacia dónde vamos… hasta que algo nos demuestra lo contrario. Y que ante nuevos indicios, lanzamos un suspiro de prepotencia y nos colocamos las gafas con orgullo, creiendo saber predecirlo todo, hasta que "algo" nos da un sopapo con la mano abierta, una clase magistral de humildad poniéndonos en nuestro sitio. Con los cometas, los científicos estaban convencidos de tenerlo todo controlado: trayectorias previsibles, comportamientos conocidos, composiciones catalogadas. Era más observar para confirmar que descubrir. Y así, claro, es muy fácil darse golpes en el pecho y convencerse de que somos los masters del universo Pero no. Aparece este objeto interestelar y lo pone patas arr...