PAGA Y CALLA.


Una cena inocente entre colegas se convierte en un tutorial de economía autonómica. 

Cuando la generosidad  consiste en ser "solidario" con el banquete ajeno.


La Cuenta


Fui a cenar con unos colegas. 

Perfil bajo, pagar lo que uno consume y a casa, pensé.

Miré la carta y pedí lo esencial: un simple Frankfurt de seis euros. 

Ni foto para Instagram, ni postureo, ni nada que celebrar. 

Solo comer.


Pero claro, eso sería demasiado lógico para el resto de fauna social.


Mis compañeros de mesa entraron en un trance místico de derroche: bogavante, chuletón de vaca vieja, un rioja reserva, postres, cafés, chupitos y hasta la carta de puros. 

La mesa se convirtió en una boda gitana sin calés. 


Yo, con mi Frankfurt triste, era testigo mudo del desfile de la mismisima gula en persona.

Al fin la fiesta acabó.Y llegó la cuenta. 

Llegó EL MOMENTO.


Ese momento con tufo a injusticia mientras me levantaba mirando hacia Cuenca, intuyendo lo que siempre terminaba ocurriendo:

—Bueno va, pagamos a medias, ¿no?


El Coste de la 'Solidaridad'


Te atreves a fluir con un hilo de voz, y a susurrar la obviedad:

—Perdona, yo solo he comido un Frankfurt...


Y entonces te disparan la frase más tóxica, más pasivo-agresiva y más española de la historia:

—Tú siempre pensando en el dinero, qué poco solidario eres.


Solidario. ¿Solidario de qué? 

¿De financiarle el bogavante al campeón que se ha pedido tres postres "porque sí"? 


Pero como siempre, al final: Pagas.

Y tragas. 

No por amistad genuina, sino por evitar el sermón. 


El discurso de siempre, el de la "unidad del grupo", el de la solidaridad.

Entonces entiendes que es más fácil pagar que escuchar el tostón de nuevo.


Financiación: El Escape Room Económico


Salí a la calle con un aire de lucidez. 

Un aire… catalán.


Entonces, ahí lo vi todo claro: yo no había elegido el restaurante, ni el menú, ni el reparto, había pagado el tramo más alto de la factura. 


Aquella cena había sido un verdadero tutorial. 

Un escape room económico donde la única pista era:

“Tú paga. Y calla.”

Y entonces me entró esa risa nerviosa. 

Como la nítida visión después de la Ayahuasca:

La financiación de Catalunya era exactamente esto.


Tú comes Frankfurt, pagas bogavante y encima tienes que dar las gracias por la experiencia gastronómica. 


Porque si no colaboras con la generosidad, si dices que preferirías pagar lo tuyo, entonces:

.Eres un insolidario.

.Eres un egoísta.

.Eres raro.

.Eres separatista.


Pues mira, lo siento por ellos:

Solidario todo lo que quieras, pero gilipollas no.


Así es como funciona la financiación de Catalunya. 

Exactamente así. 


Muchos dicen no entender mientras piden otro bogavante. 


Que pago yo. 

Otra vez.


Para quien lee


¿Te has encontrado alguna vez en una situación donde la cortesía social (o política) te obliga a pagar un precio que no te corresponde? 


¿Dónde trazas la línea entre ser solidario y ser simple y llanamente un ingenuo?


#Solidaridad

#FinanciaciónAutonómica



Comentarios

Entradas populares de este blog

EL MALANDRÁN. UN MAVERICK MURCIANO.

PREGUNTAS AL MAESTRO ARMERO.

ADOLESCENCIA. Una serie para ver y debatir.