ELIGE.
Una reflexión cruda y honesta sobre la empatía, el dolor ajeno y la lógica más humana: no hagas lo que no quieres recibir.
Introducción
Cójase una mascota.
Interfiérale un sopapo tosco, seco. Sin motivo, sin avisar.
Anote y razone su reacción.
Repita la operación a la inversa.
Coja por sorpresa a su mascota, abrácela, achúchela, inúndela de arrumacos mientras la llena de besos y palabras dulces.
Observe, anote y razone la respuesta.
Pues eso.
Me cuesta comprender que haya supuestos seres humanos que no lo entiendan. Que no distingan lo obvio.
Teóricos "sapiens", que disfruten del dolor ajeno o que no sepan qué es bienestar.
Lo evidente que olvidamos
No hace falta un tratado para comprender que una hostia enfurece y una caricia gusta.
No debería costar.
Y, sin embargo, a veces cuesta.
Me pregunto qué neuronas oscilan dentro de la cabeza de quienes confunden poder con daño, autoridad con desprecio, control con humillación.
Quizás sean los mismos que llegan a la burda conclusión de que, si a una araña le cortas las patas, pierde el interés por caminar.
Conclusión igual de cierta que lerda: no camina porque no puede, no porque no quiera.
La lógica humana que debería ser norma
Una piedra puede servir para herir a alguien, para construir muros o puentes.
Una mano puede servir para golpear o abrazar. Para señalar o guiar.
El objeto está inerte hasta que le damos uso.
En sociedad debemos bregar con ambos comportamientos, discursos y decisiones.
Pero, digo yo: ¿no es la más humana la que debería ser la más lógica?
La más razonable, la de no hacer a nadie lo que no te gustaría que te hicieran.
No es filosofía barata. Es práctica diaria.
Empatía sencilla. Higiene emocional.
Cuando la obviedad se vuelve difícil
No debería costar entenderlo.
No debería.
Pero a veces, lamentablemente, cuesta.
Hay quien necesita ver el miedo de un animal para aceptar que el golpe duele.
Hay quien necesita ver la satisfacción que trae una caricia para aceptar que el afecto cura.
Y ahí estamos: recordando lo evidente como si fuese un descubrimiento.
Cierre
La humanidad no se mide en discursos, sino en gestos.
Si una caricia te gusta y un golpe te enfurece, ya lo sabes todo.
El resto es excusa.
#Empatía
#DolorAjeno
#Humanidad
#EticaCotidiana
#Bienestar
“Para quien lee”
¿Qué gesto cotidiano te recuerda que la empatía no es teoría, sino práctica?
¿Dónde decides, hoy, no hacer lo que no te gustaría recibir?

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